Me encanta decir lo que sé y lo que puedo, aunque esto causa una mala sensación en los que me rodean, claro mi mamá siempre está haciéndome aterrizar y diciendo: "calla y sé humilde".
Pero yo me pregunto, no decir lo que hago o cuáles son mis potencialidades así como en qué no tengo destrezas, es ser orgulloso.
Sinceramente prefiero ser orgulloso siempre, pero yo sé que no lo soy, espero no caer pesado, y si lo hago, espero siempre que mis amigos me digan: "oye me siento, incomodo por tu actitud altanera ". Así me doy cuenta y corrijo. Lo que no me gusta es que no me lo digan y me asuman una actitud hostil hacia mí.
El orgullo es sano en la medida que no destruye a los demás, cosa que, confieso, debo aprender, no porque ande destruyendo a la gente, si no es que a veces no me tomo el trabajo de entender cuánto mis comentarios pueden afectar a los demás. La humildad nunca debe ser confundida con la tontera, ser humilde no quiere decir dejar que todos te maltraten, pero también el humilde entiende que a veces hay que ser prudente. Es decir la humildad, convive con la tontera (humildad mal entendida, en la que todo me callo y aguanto todo) y con la prudencia (humildad bien comprendida, en la que callo, no por tonto, sin porque valoro las circunstancias y opto por callar)
La humildad prudente, o sea la humildad bien comprendida, te permite callar en ciertas ocasiones y si luego de ponderar las circunstancias , te permite utilizar palabras sabias para luego expresar tu descontento ante determinadas personas y situaciones. Pero si te callas guardando colera, esto se convertiría en una una "humildad prudentemente colérica" que se basa en el odio, hacia los discrepan, lo cual es estrezante.
Manejarse en este mundo, siendo humilde, limitando el orgullo, siendo prudente y sin cólera, no es fácil, pero es bueno tenerlo presente para ser mejor humano día a día y para no perder la alegria del vivir.
domingo, 22 de noviembre de 2009
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