jueves, 5 de noviembre de 2009

Hoy he asistido a un congreso de derechos sexuales y reproductivos, que se realiza en mi ciudad.
Todo esto me generó un conflicto inteno, yo creo en Dios y estoy en contra del aborto, pero también creo que no puedo imponer a una mujer no religiosa, llevar un embarazo máxime si es producto de una violación o en otras circunstancia. Pues dejo en ella la libertad de hacerlo o no.
Creo que el tribunal colombiano hizo bien en pronunciarse a favor de la no prohibición del aborto, puesto que una mujer cualquiera puede decidir entre practicarlo o no.
Puedo correr el riesgo como los jueces de ser excomulgado, pero sólo tú, Dios sabes, que yo creo en tí, y que tú me das mucha fuerza en mi vida, pero nunca he pensado que la verticalidad de criterios es adecuada, porque no deja espacio a la voz disonante.
Dios creo en tí, pero la religión, culto o creencia debe ejercerse libremente, no ser impuesta.
No niego que la vida de un ser se vea cegada, pero también Señor, la mujer debe decidir y por que el creer en tí debe nacer de uno, no ser impuesto.
Mi Señor, tú sabes que en mis peores momentos te rezo y te llamo, pero yo no soy mujer, y te juro ni por un instante quisiera estar en esa encrucijada, yo creo que una mujer puede cometer un pecado que sólo tú puedes reprochar y sólo tú en tu infinita misericordia puede entendery perdonar.
Pero no creo que la sociedad, y ni nadie tenga el derecho de juzgarla.
Sólo tú, oh mi Dios, puedes entender con tu infinita misercordia lo que esa mujer pasa.
Ahora soy capaz de decir que no estoy a favor del aborto, pero sí a favor de que el ser humano, en este caso la mujer, ejerza su libertad.

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