Muchas veces tenemos complejos, que no sabemos identificar, que nos hacen actuar de una manera poco adecuada frente a situaciones de riesgo. Yo pasé mucho por ello , no entendía que el no quererme hacía actuar torpemente y lastimar a los demás sin querer.
La base de este complejo, es la falta de autoestima o quizás el miedo, que tenemos en determinadas situaciones a algo que inconscientemente no aceptamos nuestra individualidad. Ese afán por querernos parte de un grupo, por querernos involucrar en un grupo, no hace muchas veces perder parte de nuestra personalidad.
Muchas veces me preguntaba antes, por qué tengo que hacer lo que el resto del mundo considera correcto cuando yo y mi conciencia considero que no es correcto.
Sin embargo luego, me atormentaba la mente los famosos "hubiera", y si yo hubiera tal y si yo hubiera aquello. Creo que esto tiene que ver con las ideas mal entendidas de lo que es humildad.
La humildad es entregar todo lo que somos sin esperar nada a cambio, entiéndaseme "todo lo que somos", no lo que fingimos ser. Si el resto del mundo no entiende nuestro desprendimiento, el que actúa mal es el resto.
La humildad mal entendida, es permitir que todos nos maltraten sin ponerle coto a esto.
Sin embargo hacerse respetar implica formas sanas para manifestar su desacuerdo, no gritos, no berrinches. En si decir: "yo creo que...". Quizás al comienzo esto genera que la gente alrededor nuestro, no nos entienda, pero habrá gente sensata, que dirá o querrá saber por expresamos una voz disidente.
El secreto está en tener las palabras precisas, no arrebatarse, ni gritar, ni mucho menos señalar desafiantemente a los demás.
La vida implica paciencia para entendernos y para entender a los demás, sobretodo a los que no nos entienden. Cuando entendamos esto, estaremos libres de complejos y miedo que en el fondo nos autodestruyen
sábado, 21 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario