sábado, 17 de octubre de 2009

Terapia del alma

Días pasan y comprendo que soy el de siempre, o tal vez él de nunca, pero lo único que sé, es que tengo una mayor armonía con este yo, ya me simpatiza, ya me agrada, ya lo acepto, ya no censuro su proceder a cada rato, sino que permito que falle, que caiga, que cometa errores, le permito cometer errores.
Le dejo ser crítico y autocrítico, pero no destructivo ni mucho menos autodestructivo, lo insto a enfrentarse, a no temer, a no avergonzarse de sus defectos, sino a reírse de ellos. Le pido que nunca deje de voltear para auxiliar alguien, que aprenda a valorar la sencillez de una sonrisa, a gritar ante lo injusto, a dar fuerza al desvalido.
Este nuevo yo es mi primera más grande obra, por lo que tengo que procurar se reconozca valioso cada día de su vida.

No hay comentarios: