sábado, 17 de octubre de 2009

Otra vez, la mula al maíz

Siempre lo digo el perfeccionismo siempre está al acecho listo para saltar sobre uno en el momento menos preciso.

Ayer luego de escribir mi comentario diario, me fui a lavar los dientes, me sentí un poco incómodo, pues fuente al espejo me preguntaba porque la parte posterior de mis dientes no era blanca, es decir no era perfecta, no le di importancia por un momento y me seguí cepillando. Cuando súbitamente cogí un palillo para sacarme el sarro que mi “bella dentadura” no podía permitirse tener, pero sin darme cuenta un pedazo del diacrílico que fue puesto por el dentista para mejorar mi dentadura se desprendió, no le hice caso. Sin embargo las ideas obsesivas volvieron, quizá ya no se vería tan bien, quizá todos preguntarían que te pasó, quizá tendría que inventar una historia absurda para justificar mi auto destructivo proceder.

Ya en la cama un discreto pero intenso sudor comenzó a asomarse en mi cara, era la rabía, la impotencia, aquel la reflexión tardía; pero esta vez me dije no voy a ponerme como niño angustiado, sino voy a asumir las consecuencias de lo hecho, si me veo mal, me veré, y aceptaré también las consecuencias de mis errores, total no soy perfecto, aunque siempre me cueste entenderlo.

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