sábado, 24 de octubre de 2009

A quien le caiga

Siento la necesidad de hablarte, de preguntarte cómo te va, qué haces ; pero nada, es imposible. ¡Oh Dios! dame paciencia, dame fuerza y esperanza.
¿Qué sucede? ni nos hablamos no nos enteramos que le pasa al otro.
Bueno, tendré que esperar, así sea mil años, lo haré, querido amigo destino.
Dime que hago para saber de tí, me quiebras, me lastimas, y lo peor es que tú ni te enteras.
Es una locura esto que siento pues nadie lo entiende, ni pretendo que nadie lo haga.
Por ahora, sólo me queda esperar

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