Cuando a veces recuerdo y me pregunto sobre el porqué no hice lo que soñé, o lo que pense, es que me doy cuenta que nunca lo hubiera podido hacer antes, porque mi pensamiento estaba enfermo, pensando siempre en cuan perfecto o imperfecto era mi proceder.
Nunca sentía esa libertad de poder equivocarme, porque en lo que era bueno, lo seguía haciendo incesantemente y no podía ponerle límite y al final no podía aprender lo esperado, porque me fijaba tanto en detalles de perfección, que me deprimia nunca me satisdacia. Sin embargo si era malo en algo lo intentaba, pero ya estaba en mi cabeza la idea de que era malo y no podía mejorar nunca.
¿Pude haber hecho muchas cosas que antes soñaba? No, pues todo sentía que lo hacía mal, y estaba inconforme con lo que hacia bien e implacable con lo que hacia mal, a punto de anularme.
He convivido toda mi vida con este trastorno de la personalidad, que ya logré superar.
Por primera vez en vida, no me angustia cometer errores, no me arrepiento de no haber hecho mis sueños, porque todavía tengo tiempo, y porque ahora los puedo hacer sanamente.
Es terrible ver a todo lo que uno hace defecto, nunca conformarse con lo bueno que uno hace, sino buscar ser mejor y mejor obsesivamente.
Para ser mejor, ahora entiendo que la constancia es el único camino y no se debe condenar uno mismo por no poder algo ni permitir que lo condenen por no poder hacer algo.
sábado, 31 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario