Hace algunos días me puse a ver pesadilla en calle Elm, me gusta, debo confesar, es super. Sin embargo lo que logré entender de esa película es que uno no necesita estar poseso para que el mal actúe en ti, sino que él actúa en ti a través de tus mayores temores y una vez que te das cuenta de ello todo empieza a mejorar.
Unas semanas atrás, no me daba cuenta de la obsesión tan absurda que tenía, no me percataba que una semilla de destructivo perfeccionismo yo mismo estaba permitiendo enquistarse en mí, pero ¿cúal era? Yo no me daba cuenta, o quizá no quería darme cuenta.
Hace unos días me volvieron pequeñas angustias, sí pequeñas que no sabía sobrellevar. Aunque no lograba angustiarme o quitarme el sueño como antes, me impedían estar cien por ciento predispuesto a continuar.
Entonces seguía haciendo mis deberes, de vez en cuando paraba y bajaba la cabeza y miraba mis pies, me amarraba mis dedos hacía ciertas semanas. No le daba importancia a lo que hacía, no era trascedente. Pedazos de tela, alambre, pedazos de pequeños conos hechos con papel y cinta adhesiva así como pequeños armazones hechos de papel y tela eran puestos en mis pies para mejorar mi postura y para que mis rodillas.
Bueno tengo juanetes en ambos pie y juanete de sastre en el izquierdo, por ello que a veces ponerme algún calzado me produce dolor, por ello que siempre usaba calzado un poco más grande. Lo curioso es que así empezó la nueva obsesión.
Tenía zapatos en casa que no usaba y me limitaba un par de ellos. Por eso me decía que poco sencillo soy, teniendo más zapatos no uso ninguno, voy a procurar hacerlo.
Me pregunté pero como hago entrar en mi pie el zapato cómodamente, he de tener que mejorar mis pies. Aunque no me lo decía, entendía a lo que me refería: mis pies no eran perfectos.
Empecé poniéndome los conos de papel para, según yo, levantar los pies. Obviamente que todo lo que me procuraba en los pies funcionaba, pues pase horas antes leyendo sobre el tema.
Luego a hacerme un armazón de alambre que jalará mis dedos gordos y mi dedo pequeño. Después a usar cintas de tela que jalaran mi dedo medio que miraba hacia la derecha.
Todo esto era hecho por mí, sin que me diera cuenta que una nueva obsesión se apoderó de mí.
Hasta que ayer por la noche me dije Dios, ayúdame que me sucede porque me siento angustiado. En la noche soñé, a propósito de las películas de Freddy Krueger (aunque en este sueño él no estaba), que yo estaba en la cama de mi cuarto, en el que después de varios meses decidí dormir, y no sé qué era, pero algo jalaba con mucha fuerza mis pies. Sentía que los dedos de los pies me dolían, pero era preferible el dolor antes de no verlos perfecto.
En el sueño, logré voltear la cabeza, como siempre en mi cama había una imagen de mi Virgen de Guadalupe, a la que le tengo mucha fe, y le dije: “¿qué hago Virgencita?”. Escuche que me gritaba sin cesar “desobsesiónate” y con su carita toda misericordia, ella miraba mis pies.
En el sueño me veía empapado en sudor y angustiado, mirando y remirando mis pies. Un no puedo frotaba de mí, aunque no lo decía, lo entendía, entonces un sí puedo se empezó a apoderar de mí. Súbitamente sentí una fuerza que venía desde mi pecho y me hizo levantar.
Ya despierto en cama, bañado en sudor, me dije que me pasa por que otra noche más, yo estaba bañado en sudor. Entonces vi la imagen de mi morenita linda y entendí lo que debía hacer.
Debo confesar que empecé a pensar por qué “desobsesiónate” y no “aparte de la obsesión“ que a decir mío sonaría un mejor español.
Entonces cogí todos los alambres y aditamentos utilizados en mi ritual perfeccionista y me deshice de ellos, aunque los alambres los guarde en la caja de las herramientas, pues los obtuve de esta. Eran recubiertos en plástico y eran usados en la instalación de la luz.
Terminada esta operación sentí un gran alivio y el sudor, como por arte de magia desapareció. Luego me volví a preguntar porque “desobsesiónate”, entonces entendí que la palabra quizá no sea completamente apropiada, no era la palabra en sí, sino el mensaje que transmitía, que era no preocuparse por lo perfecto sino por solucionar mi problema.
Ahora comenzarán días más tranquilos, pero debo decir sinceramente que tengo miedo que me duela, tengo miedo a no soportar que mis pies no sean perfectos. Sin embargo me siento por el momento mejor, pues prefiero imperfecto y feliz que perfecto e infeliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario