domingo, 27 de diciembre de 2009

Yo y mi manzana envenenada

Es cerca a la media noche, no me creo Blanca Nieves ni cosa por el estilo, pero estoy comiendo una manzana envenenada, que mientras me la como, me volvió por minutos a atormentar el seso con la idea de que no estoy comiendo sano. No es cierto.

Todo comenzó hace algunos días, llegó mi hermano, quien para variar se comió toda la fruta existente en casa. Bueno es que no me apetecía nada, Claro que con lo comido por las fiestas, uno comienza a sentirse ligeramente culpable, pese a no ser nada extraordinario. Digamos que uno se siente culpable por la idea que imprime la supuesta comilona que implica estas fechas. En mi familia no es asi. Esto es sicológico. En mi caso , esa culpabilidad absurda se vuelve destructiva si no le pongo un límite, por ello me he puesto a escribirlo.

Por ejemplo hoy por la tarde fuimos con mis papás a casa de mi tía, llevando unos bizcochos y panes para tomar con ella un pequeño lonche.

En realidad, nunca como embutidos ni mantequilla, pero mi tía me pidió que comprara justo jamón y mantequilla. No por que haga dieta, sino que desde niño me parece un alimento muy procesado, Bueno quizá sea un vestigio de mi época de nadador, en el que esto estaba vetado en mi alimentación.

Continuo, bueno ante el jamón de ternera y mantequilla Gloria no pude más, y sucumbí. ¡qué delicia! con un té, siempre, soy un tetero incorregible.

Luego de noche me comienza las ideas de culpabilidad. No quiero engordar, Mejor dicho no quiero sentir que algo no sano entra en mi cuerpo.

La manzana que ahora me estoy comiendo no es sino una que pude encontrar madura en el jardín de mi casa, me refresca y me hace sentir bien.

Todo este año nuevo, me he prometido no ir al gimnasio para no obsesionarme con la idea perfecta de salud, pero cuidarme. Si hace unas semanas me comí un salchipapa y hace dos días, mi hermano me invitó uno. Bueno no me molesta comer esta comida, lo que me fastidia es esa sensación tan estúpida de culpabilidad por lo comido, según yo que no es sano.

Sólo queda un pequeño hueso de manzana, testigo de mi voraz hambre nocturna.

Ahora me convenzo que esta terapia de escribir lo que pienso, funciona, porque me invade una paz y un sueño profundo se apodera de mí.

Chau, buenas noches

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