Cuando uno llega a entender que la madurez, implica control del carácter, canalizar la cólera y enfrentar la vida sin miedo, es cuando llega a ser feliz. Es así que uno se hace dueño de sus emociones y de sus frustraciones, no las emociones ni las frustaciones dueños de uno.
Uno no puede dejar de sentir cólera. Lo importante es manifestarla de una manera cosntructiva, es decir que no se manifieste de una manera autodestructiva no tampoco destructiva hacía los demás. Entonces poco a poco la cólera deja de existir.
Muchas veces, nuestros padres, y esto es necesario reconocer, son los primeros de los que aprendemos a tener arrebatos y actitudes que lindan con lo infantil, y que pueden ocasionar un resultado bastante destructivo.
Los padres no son perfectos, y con sus pocos o muchos defectos, trataron de hacer su mejor trabajo. Llega un momento en la vida en el que uno entiende que tiene que ayudar a los padres o mejor dicho tus padres terminarán siendo tus hijos.
He alli que la vida cobra su sentido, cuando se logra entender que la esencia base de la vida es dar paciencia a aquellos que nos dieron tanta o que incluso no la tuvieron.
domingo, 20 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario