En cada momento, aprendemos algo nuevo que llena nuestra vida de luz-Sin embargo cuando creemos que ya alcanzamos algo en la vida y que no necesitamos cambiar y que el mundo se equivoca menos nosotros, es cuando comienza uno mismo a excusarse para culpar a otros.
Yo creía que por la educación que tenía y los conocimientos que tenía, era inalcanzable y si no lograba algo en la vida era por la corrupción o por que alguien me hacía daño.
El mal existe y está presente en cada momento de nuestra vida, pero se hace fuerte y se camufla en medio de la desesperación, como una suerte de aperante certeza de que nuestra manera de actuar y ser es la correcta, por no decir la más correcto, cuando verdaderamente no lo es.
El primer paso es creer que todo lo que uno hace es perfecto y que el resto es imperfecto, luego súbitamente se invierte la figura y uno empieza a tener una incertidumbre de cual percepción es perfecta, si la de uno o la de los otros, pero sigue aferrado a la suya.
Todo este juego macabro influye en nuestra percepción del amor, no nos deja ver si las virtudes de los otros, porque nos fijamos en los defectos de los otros. Sin que uno se de cuenta, empieza a regir la norma de lo ancho para mí y lo estrecho para los demás. Entonces los amigos te son esquivos no porque no quieran o no valoren tu amistad sino porque no les ves virtudes y no eres capaz de ayudarlos porque para tí, tú solamente puedes ser perfecto, lo mismo sucede con tu familia, en la que cada uno de sus miembros es imperfecto para tí.
Sin embargo cuando empiezas a entender que nada es perfecto, sino que se halla lleno de imperfecciones y errores, entiendes que tú lo tienes y se cae la venda de los ojos, empiezas a amarte con tus defectos y virtudes y así a mejorar cada día más hasta que llegas a entender que en medio de todo esos defectos, los amigos también te tienen gratitud, respeto y cariño y que la familia se mantiene unida por el amor y que si no hay un verdadero amor a prueba de balas nada valdría la pena y si esa familia tuviera que separarse abra quizas no amor de pareja, pero si de amigos y siempre amor de padres a hijos y de hijos a padres.
Sólo aprendiendo a amar uno entiende que puede encontrar gente maravillosa gente muy humana y sensible.
lunes, 11 de enero de 2010
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