Hace unos cinco años, cuando termine la universidad, me comenzaba a invadir una idea obsesiva por comer sano.
Si no comía nada que según mi lógica podría ocasionarme problemas de salud o enfermedades, y me dedicaba a hacer ejercicios por las noches hasta muy entrada la madrugada.
Si señores, estaba entrado en el mundo maldito de la ortorexia.
Bueno es así que me dedicaba a hervir todo con el único objetivo de sacarle la grasa, y si comía una comida muy dulce, me preguntaba mi nivel de insulina, entonces a hacer ejercicio toda la noche. No conforme con ello, cuando comía algo que no era adecuado me sugestionaba tanto que terminaba en el hospital.
Pasaron dos años, en constantes luchas con mi familia por mejorar mis hábitos alimenticios, pero no podía, llegue a encerrarme en mi mundo, nunca asistía a invitaciones de amigos, pues lo no sano estaba en el ambiente, jamás
Hace tres años, la situación comenzó a hacer me más intensa, claro nunca dejaba de comer comía, pero no la cantidad de proteínas necesarias, comencé a quedarme dormido en donde sea, comencé a sentir un cansancio anormal. Claro pero como mi cuerpo se habitúo a mi “perfecto” régimen, una comida normal me caía mal.
Por mi cabeza pasaba la idea, como esta gente puede meterse eso, pero si en una parrilla la carne está hecha con carbón que es cancerígeno, o el cebiche es pescado crudo con limón.
Empecé a aislarme hasta que me desconecte del mundo, es cuando mi familia logró hacerme ir donde una siquiatra y empezó la mejoría, comencé a retomar mi vida hice una maestría en derechos humanos, pero claro mi estrategia era almorzar comida vegetariana.
Con el tiempo la siquiatra dio con el favor causante de este desorden alimenticio, mi excesivo perfeccionismo y temor al fracaso, me trato para mejorar esto, fue difícil, pero funcionó, ya los desmayos cotidianos ni los ataques desama en forma de espasmos desaparecieron.
Rehice mi vida y es que llegó la oportunidad de irme al extranjero para mí, mi prueba de fuego, pues tenía que cuidarme solo allá. Afortunadamente me fue bien, logré cuidarme sin privarme de nada.
Ahora estoy aquí de nuevo, rehaciendo mi vida que durmió por cinco años. Recuperando poco a poco mi sueño, ya no haciendo ejercicio de noche, comiendo lo que debo y lento,y sobretodo no sintiéndome culpable por lo que como o dejo de comer. Eso sí siempre atento porque esta enfemedad es como un fantasma que te ronda siempre la cabeza.
lunes, 28 de septiembre de 2009
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