A veces cosas tan simples pueden darte felicidad, el sentir que mi cuerpo acepta la leche después de tiempo, me hace sentir feliz, ya no diarreas, ya no dolor de estómago, casi después de doce años, he tomado un vaso de leche sin miedo.
Si después del infierno de cinco años de no quererme de una mala percepción de mi mismo, ya puedo tomar leche, me siento feliz.
Dios mío, claro no es que me guste mucho, pero sé que eso nunca debió salir de mi dieta, sino que debió estar dentro de ella, siempre.
Este hecho para muchos es intrascendente para muchos, pero para mí solamente superado por el buen sueño, por el ya no tener miedo dormir continuamente.
Sí después de cinco años, duermo bien, profundamente, sin pensar en angustias, sin pensar en los años que me pasan por encima, sin pensar en lo que no vivi.
Ahora tengo nuevos sueños, nueva metas por hacer, ya no tengo miedo de mostrarme como soy, tímido, con errores, iracundo. Ya no busco la belleza extrema
Gracias, vida por darme la oportunidad de volver a vivir
martes, 29 de septiembre de 2009
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