Desde que tengo 14 años siempre me persiguió una idea suicida permanente. El acabar con mi vida, debo decir que nunca intenté ni concreté una acción de esta naturaleza, pero escribirlo me da la fuerza para entender que no. Si la barrera siempre fue la fe que tengo hacía Dios, y es francamente en este punto y en la peor de las situaciones la que confirma y reconfirma mi fe en Él, hacedor de todo.
Esta idea suicida, surge por la constante sensación de frustración y de dolor, en la que uno se vé envuelto, con el tiempo uno logra entender que es causada por una insatisfecha vida, en la que mis sueños no fueron luchados, mi amor no fue concretado, y mi autoestima destruida.
Quizá, uno se preguntará por qué pues no sere un riquillo, pero si un chico que fue criado con comodidades, pero que sus padres, inculcaron miedo a lo no perfecto, a lo correcto, deber de justificarse por todo y con y ante todos. Ahora se que nunca debí pensar así y aunque parezca tonto y si se quiere repetitivo, nunca vivi mi edad como debi vivirla, no me acuerdo de alguna conversación con algún amigo, de alguna salida, de algun declaración ni si quiera tímida de amor, ni de alguien que me llame en mi cumpleaños. Aunque duele recordarlo y causa envidia ver niños jugar con otros, y uno condenada ineludiblemente a no retroceder al pasado y vivir el presente proyectándose al futuro, que hasta ahora es incierto, me genera cierto inestabilidad, pues quisiera algo más estable más real.
Ahora no tengo nada y no quiero tener nada real. Es tiempo de esperar y de huir del miedo y de las ataduras y de proyectarme hacía la alegria y la fe, por que solo así conocer al niño feliz que debí ser aunque no lo vivi, al adolescente enamorado que quise ser y no fui, al joven apasionado y al adulto emprendedor que quiero ser y continuar siendo.
domingo, 14 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario