Ayer me puse a pensar mucho luego de conversar con una amiga y mis ideas sobre el aborto un poco que tambalearon. Sin embargo leugo de pensar llegué a dos conclusiones bien definidas.
La primera.- El aborto para mí es un pecado, es decir si yo lo practicará o no hicierá nada para evitar su práctica.
La segunda.- Creo que la fe que sea no se puede imponer solamente proponer, por lo que creo que podría por mi vocación cristiana sugerir a alguien de no practicarla, pero no juzgarla ni censurarla, por que para mí una cosa no es pecado por sí, sino que se debe ver todas las circunstancias invlucradas. Circunstancias que no conozco y que por más que conociera, debería sumarle algo más, la capacidad de sobrellevar y resistir las implicancias de una decisión así.
La tercera.- La libertad de una mujer de no cambiar su proyecto de vida y si en ella está amar a ese nuevo ser, pues es su decisión. Aunque como católico que soy es una situación indeseable, como católico tengo misericordia y toda circunstancia puedo entender el proceder de una mujer.
domingo, 14 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario