Me puse a pensar porque nunca me aventuré a arriesgar y sin querer un episodio recurrente es el que sucedia en el cole con un compañero llamémoslo Guillermo. Este compañero era el primer lugar de clase y debo aceptar que era inteligente, pero eso no quiere decir que yo tampoco lo sea, lo curioso era que el hacia publicidad de su pobreza y yo digo si era tan pobre porque no se retiraba del colegio, es que esa era la estrategia inspirar pena para que los profesores lo ayudaran y sí lo ayudaban. Yo sentía tanta colera, pues era injusto una vez me recuerdo que una práctica de ortografia, todos le dijimos a la profesora que la palabra que dictó fue una y él dijo otra, el único que escucho la palabra que la tipa quería escuchar, yo me callaba y le sentía sin querer tanta colera y fue una de las tantas ocasiones en que usaba máscaras para conversar con él. A propósito le decían niño genio y era un año mayor que los demás.
Sentía tanta frustración, por miedo no poder decir nada que era una injusticia y me recuerdo mis compañeros lo que él decia era ley, acostumbrados a considerarse incapaces de rebatir lo que él decia. Debo decir que tenía por lo menos varios profesores que lo protegian, pues pobrecito, era pobre.
Claro cuando eramos niños era un petizo que no crecía, una vez me acuerdo como si fuera ayer, estuvo con la niña que a mi me gustaba, y nunca en mi vida habré golpeado a alguién pues era el colmo, no soportaba que lo prefieran tanto, pero meterse con la niña de mis ojos era algo que no iba a soportar, y claro después que yo era el culpable pues golpie, aunque él también lo hizo, pero como tenía pinta de chiquiviejo y yo soy alto y desde entonces lo era, entonces ineludiblemente era el culpable.
Por eso será que a veces y no es que quiera ser falso, no pasaba a la gente chata, aunque eso ha cambiado, ahora entiendo que hay que valorar a la gente por su corazón.
Retomando la idea, toda la etapa de colegio, tuve que aceptar y no se por qué lo hacia, que un niñito engreido fuera el mejor de la clase, a parte en las invitaciones en las que los dos mejores de clase tenían que ir era suplantado por una compañera, que cuyo cerebro no daba para más.
Aunque ahora parezca tonto, esto y muchas cosas que sucedían en mi vida me causaban pena y dolor.
Finalmente después de años, lo digo y aunque nunca es tarde me cuesta pensar que siempre convivi con lo injusto y tuve que callarme.
martes, 9 de marzo de 2010
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