Vida, parezco un quinceañero, me siento tan feliz que tu voz te me hace imprescindible (ya claro soy consciente que en un mes o dos semanas, todo puede terminar), que las llamadas son vitales para saber de ti y que ahora si si estás mal o si tienes un día difícil mi día ya no es tan bueno y no es fácil.
Esa melosería que el común de los mortales de mi edad descartaron hace tiempo ante la desconfianza, la siento viva en mi pecho.
Vida, me hiciste callar, me hiciste renunciar, me hiciste ser "el eterno mejor amigo de nadie", me siento raro, pero me siento neofito.
Aún me suda la mano si te toco y algo que la voz me tiembla ¿será amor?
Sólo sé que te quiero más, vida, ya no me debes nada, pues me las estoy cobrando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario