sábado, 13 de febrero de 2010

Hoy hicimos una llmada a una persona, mi madre y yo, en el auricular se escuchaba que la pequeña niña se excusaba con su madre, esposa de esta persona, y el le gritaba, a la niña, de no excusarse. Mi madre, dado los antecedentes del sujeto, comentó que era muy violento y a mi también me parecía, y le dije a mi mamá que la señora también era ignorante.
Mi madre me dijo sentirse un poco decepcionada de mí, pues ella pensó que yo justificaba la manera de ser del sujeto por la ignorancia de su esposa.
Todo esto causó una conmoción interna que me llevó a escribir esto. Bueno el pasado de mi familia es de violencia domestica entre mis padres, y valga Dios, cuantas veces procuré un sano distanciamiento entre ellos, pero no se pudo, con el tiempo todo ha cambiado, por lo menos ambas partes saben ponerse y ponerle límites a la otra.
Sin embargo me preguntaba esta violencia también repercutio en mí, que tanto miedo tengo de desarrollarla o de llegar a ser un salvaje inadaptado. En honor a la verdad debo decir que mi padre fue muy violento con mi madre y también conmigo y con mi hermano cuando pequeños y mi mamá creyó que su rol era el de aguartar todo por los hijos.
Desde pequeño entendí que mi madre estuvo en un error, el pensar que marianizándose haría de la familia una baluarte de integridad, lo que era falso. Bueno no puedo cambiar el pasado, pero puedo decir que ahora de mi depende y sigue dependiendo ser distinto y por eso que aquí me urge decir que lo que dije de esa señora es que ella se caso con ese señor para encontrar un hombre con quien tener hijos, pero que los hijos no son el pretexto para que una mujer acepte humillaciones o maltratos de ningún tipo. Puede sonar cruel pero una mujer debe decidir, si es madre entre luchar por sus hijos, continuando como esposa que decir decir al marido que se controle y ponerle límites o incluso dejar el hogar, en una actitud valiente que los hijos aprenderán a valorar tarde o temprano.
Desaparecer la violencia machista de la sociedad es algo dificil pues muy poco se les enseña al hombre a ponerse límites y mucho se les enseña a la mujer a reprimirse. Cuando cambiará esto, cuando entendamos que cualquier decisión que uno o una tome en su vida repercute por siempre e ella.
Sé que historias de violencia se dan por doquier, desde la violencia económica, sicológica, física y sexual, ponerle límites está en esta sociedad, que no debe alimentar falsos estereotipos y prejuicios de virilidad, que deben ser rotos.
Un mujer que se respete, no es la que aspira a ser la madre abnegada, sino la entiende que sólo valorándose y queriéndo puede lograr todo lo que se propone, pues la mujer no puede estar condicionada a nada para ser considerada tal.

No hay comentarios: